VIOLA UNIVERSITARIA

Llevo días y más días a ver si encuentro el momento de sentarme a escribir sobre la preciosa Viola (pronunciado “Vaiola”) y el orgullo que me sale por los poros, y ha tenido que ser al volver de nuevo a España, y aprovechar los momentos de avión y aeropuertos, para sentarme a contaros sobre la que es una de las personas más especiales de mi vida.

Voy a empezar por el final. Viola empezó la universidad el pasado agosto, y es la primera de nuestros niños en llegar “tan lejos”.

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Fue la tercera niña que el destino puso en el camino de Robert en esta bonita aventura que es Malayaka House. Llegó por accidente, y nunca mejor dicho, porque iba montada en un “boda” (ya os he hablado de las motos que hacen las veces de taxi) que colisionó cuando era de noche con un coche, con el tobillo de Viola entre medias. El resultado, una herida enorme, y una niña sola y asustada en una comisaría de policía.

Robert fue alertado por el comisario para ver si podía hacerse cargo de ella hasta que se pusiera mejor y encontraran a su familia. Y por supuesto lo hizo, para llevarla a su habitación de hotel, donde Malayaka y Bobo les estaban esperando. Con ese trío calavera, y para salir de la habitación de hotel, alquiló una casa en Entebbe, y ello dio comienzo a Malayaka House.

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Viola cuidó de Bobo, Malayaka y de los más de 20 que han ido llegando a lo largo de todos estos años. Viola es Viola Mukuano, amiga Viola. Amiga y hermana mayor, para siempre…

Durante semanas Robert tenía que ayudar a Viola a moverse, hasta que su tobillo se recuperó y pudo comenzar a ir al colegio. Primaria, y profesores que todavía hoy recuerdan a esa niña orgullosos. Secundaria en Entebbe Secondary School, y luego interna en Merryland año y medio. Mucho esfuerzo, horas de estudio, aguantar golpes (ya sabéis que en Uganda todavía los profesores tienen la mano muy larga…), copiar mil hojas de apuntes… y por fin, Viola termina “S6”, algo que solo consigue un pequeño porcentaje de la población ugandesa.

Bienvenida al futuro.

Viola siempre había querido ser piloto. Ése era su sueño, y creo que lo seguirá siendo siempre. Pero en una de realismo ugandés – ¡qué remedio! – se dio cuenta de que “no way” Malayaka House podía permitirse pagar para que fuera piloto, y “no way” sus notas daban para eso… así que un buen día, cuando todavía cursaba el último curso de secundaria, nos dijo que quería ir a la universidad a estudiar Trabajo Social.

¡Buenísimas noticias! Que oye pensar que Viola un día gestione Malayaka House igual es mucho soñar, pero por lo menos si empieza algo que tiene un poco que ver, “vamos por el buen camino”. Desde luego no puedo pensar en nadie mejor que ella para hacerlo.

Un día lo hablábamos y me dijo “¿Crees que seré capaz? Auntie, yo no sé mandar”. Eso se aprende Violita mía, lo importante es que tienes un corazón bueno, y te preocupas por los demás.

Viola es Viola, qué más puedo decir. Todo el que la conoce se enamora de ella. Y no solo porque tiene la sonrisa más bonita del mundo, también porque es dulce, sensible, siempre está de buen rollo, nunca critica, siempre ve el lado bueno y positivo de las cosas, no entra en cotilleos de “mujeres”- ¡lo cual se agradece enormemente en una casa en la que somos tantas! -, todo el mundo la respeta, la quiere, la escucha… Su relación con los niños es perfecta y tiene cariño para repartir entre todos en Malayaka House, y ellos la adoran.

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Desde hace unos meses, Viola se encarga también de organizar Pizza Night, que no es moco de pavo. Y está encantada, y yo con ella. Porque es fácil de llevar, porque escucha, porque se esfuerza, porque se entiende con todo el mundo, porque trabaja duro… porque tiene ganas de aprender, y aprende cada día.

Cuando empezamos las gestiones en la uni, estaba cagada. Me dijo “auntie, el corazón me va a mil”. Todavía le faltan esas tablas de apañarse sola fuera de su “zona de confort”, pero como aprende rápido, irá encontrando su camino poco a poco.

Un abogado alemán se ha comprometido a ayudar con sus estudios hasta que termine la carrera. Tres años. Él no va a leer esto, evidentemente, pero yo aún así se lo agradezco.

Y es que aunque ir a la Universidad no signifique encontrar un trabajo en un país como Uganda, para Malayaka House, para nuestros niños, para nuestro futuro… es muy importante que uno haya comenzado a andar el camino, y es más importante aún que haya sido Viola, que para todos es un ejemplo a seguir. Nuestra casa, el hogar de nuestros niños es lo que es, en mucha parte, gracias a ella.

Viola es mi chica, mi amiga, mi consejera, mi niña especial… mi turururu Viola, ¡te quiero mil millones y otros mil más!

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BABY SAM

Estoy embarazada 9 meses, doy a luz, meto al bebé en una bolsa de basura con el cordón umbilical y sin limpiarlo, y lo tiro a una valla donde hay escombros y donde espero nadie me vea. Y sí, si se muere mejor, menos problemas. Luego vuelvo a mi vida de mierda sin mirar atrás, total para qué? Igual de vuelta a “la calle”? O a la pareja que no quiere a mi bebé? Mi vida será más fácil sin un bebé, o sin un bebé más sumado a los hijos que ya tengo y no puedo cuidar porque su padre (o padres) no me ayudan y/o me han abandonado … Total, lo tiro, me olvido, y no tengo que hacer frente a los gastos que acarrea, para los que no tengo dinero ni forma de encontrarlo porque es muy difícil encontrar trabajo…

He intentado recrear en mi cabeza, pensar y ponerme en la situación de una mujer que tira a su hijo a la basura. Imposible. En cierta forma me gustaría conocerla y hablar con ella para entenderlo. Pero claro, eso no va a pasar nunca. Y ella nunca sabrá si su bebé ha sobrevivido o no. Qué pena, no?

Sam llegó a nuestras manos el 18 de julio de 2017 con tan solo unas horas de vida. La rápida actuación de la policía y de nuestros trabajadores sociales y cómo no, de nuestra súper auntie, Auntie Winnie, le permitió seguir en este mundo, contra todo pronóstico.

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Cuando llegó a Malayaka House estaba helado. Literalmente. Inmediatamente lo llevamos a la clínica de Entebbe en la que últimamente confiamos. El médico lo puso en la incubadora para darle calor. 31ºC. Después de ponerle una cánula y quitarle de entre las nalgas un trozo negro de bolsa de basura, la misma que fue su “carta de bienvenida” a este mundo.

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Estuvimos 3 días en la clínica Emmanuel, donde nuestro querido Dr. Muganga lideró el tratamiento del pequeño. Antibiótico en vena durante todo este periodo, y después otros 7 días de forma oral. Sam, además de estar heladito, pesaba solo 2 kilos. Hoy pesa 2,9 e igual mientras escribo ya ha ganado los 100 gramos que le faltan para llegar a los 3.

Una vez en su nuevo hogar, Malayaka House, le metimos en nuestra “enfermería” y comenzamos con los turnos. Todas las aunties, incluida yo, todo el tiempo con él, apuntando cuando come, cuando caga y cuando hace pis.

Compramos el gorrito, los guantecitos, los calcetinitos, y todos los “itos” necesarios para darle al bebé su vida de vuelta. Leche, bibe, mantas, ropita, pañales… todo listo para nuestro baby Sam. Y sobre todo… muchos mimos.

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Esta vez el nombre no fue tan fácil, y nos costó ponernos de acuerdo. Dos días antes había fallecido Sam Owori, el que iba a ser presidente del Club Internacional de Rotaríos, de un ataque al corazón en Texas. Era un ejemplo y un orgullo para su Uganda.

Malayaka House no sería sostenible si no fuera por la ayuda que hemos recibido de distintos clubes de Rotarios de distintas partes del mundo, así que, Robert pensó, y ¿si les homenajeamos de esta manera? Dicho y hecho. Entre medias se perdió el nombre de Pablo que tanto nos hubiera gustado dedicar a Cris y Javier, y varias otras opciones descabelladas. Finalmente se llama Sam Owori Malayaka, y claro, va a ser un bebé feliz.

Sam cumplió ayer un mes y todavía es muy pequeñito.

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Todos en la casa le adoramos, y él nos hace sentir, mirándole a los ojos que, como dice Sara, un mundo mejor es posible: un mundo lleno de amor, de esperanza, de amistad, y de cariño. Un mundo donde ayudar a los otros sea posible. Un mundo donde la madre de Sam no se hubiera quedado embarazada si no podía cuidar de un bebé, y donde no lo hubiera tirado en una bolsa de basura. Un mundo donde existe Albert (nombre ficticio), que fue el vecino de la casa donde se tiró al bebé, y el único que tuvo los huevos, con perdón, de salvarlo. Un mundo donde Mary (nombre ficticio) es real, para que pudiera llevar a Sam a la clínica para que cortaran su cordón umbilical, le limpiaran, y le salvaran la vida. Un mundo donde Agnes, la oficial de policía que nos llamó, existe, y donde Malayaka House existe para devolver a niños abandonados el futuro que nunca debería haberles haber sido robado.

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Hace 4 años que vivo aquí, me han pasado un millón de cosas, pero no hay nada que equipare la paz, y cómo se le llena el corazón a una, que ser partícipe en salvar una vida. Este mérito no es mío, es de Robert, de las aunties, de los voluntarios, del resto de niños, hermanos y hermanas de Sam, pero sobre todo de todas las personas que nos ayudáis aportando vuestro granito de arena (vosotros sabéis quienes sois!) para hacer posible que hagamos lo que hacemos: salvar vidas. G-R-A-C-I-A-S.

Baby Sam y mi mano (y mi corazón y yo entera), os deseamos una feliz noche.

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SUPER AMINA

Amina llegó a Malayaka House cuando era tan solo un bebé, su madre murió en el parto. Nació con VIH porque su madre era seropositiva. Desde que llegó ha estado recibiendo tratamiento con antirretrovirales, que debilitan su sistema inmunológico, por lo que ha cogido todo tipo de catarros, diarreas e infecciones.

Amina nunca falta a su encuentro con las pastillas, y todas las mañanas y noches, coge su cajita y no se olvida de tomar su medicina.

Amina es una luchadora. Es valiente, feliz, dulce, tiene los ojos más grandes y expresivos del mundo, y cautiva a todos los que llegamos a Malayaka House con su vocecilla y su sonrisa.

A pesar de su enfermedad, Amina es una niña fuerte. Está delgadita pero trepa en los columpios como una monita, corre de un lado a otro de la casa, salta a la comba, y tiene más fuerza que yo. Esa misma fuerza es la que tira de ella para vivir cada día.

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Tiene 8 años y todavía no es muy consciente de su enfermedad. Ella sabe que algo hay porque tiene que tomarse la medicina cada día, y porque es la mimada de las aunties, y porque va al hospital una vez cada dos meses con la que es como su madre, Auntie Elisabeth.

En Uganda las estadísticas de SIDA y VIH dicen que hay un 7% de la población con el virus, pero no son estadísticas reales. Es imposible conocer con exactitud cuánta gente está infectada porque hay muchos hombres y mujeres que ni lo saben y comienzan a saberlo cuando el virus se hace enfermedad y los síntomas del SIDA se hacen evidentes. Y cuando mueren, nadie dice “murió de SIDA”, simplemente dicen, “murió porque estaba enfermo”.

Para los que lo saben y quieren poner remedio, el gobierno subvenciona la medicación en hospitales públicos financiados en parte por proyectos de Naciones Unidas u otros organismos internacionales. Amina va a un hospital que se llama Mildmay, que está bien organizado, y trata a muchos niños como ella.

Pero en Uganda hace falta, como os contaba con las mujeres, más educación al respecto. Con más educación, quizás (y digo quizás porque nunca se sabe) utilizarían preservativos. Si más tuvieran más cuidado, si más tuvieran acceso a la salud para hacerse un análisis, si más respetaran que su pareja no tiene por qué contagiarse también, si más se preocuparan por su salud y la de los que les rodean, si más miraran más al futuro y vivieran menos el día a día sin preocuparse de lo vendrá, si más... habría menos. Menos niños como Amina, que sin tener culpa ninguna, nacen con una enfermedad sin cura que les acompañará toda la vida.

Amina tiene la suerte de estar en Malayaka House, y es, a pesar de su enfermedad, una niña feliz. Estoy segura de que todos los que la conocéis estáis de acuerdo.

Hoy he decidido hablaros de ella porque el pasado martes tuvimos que volver a operarla de la enorme hernia umbilical que tenía.

Lo de la operación de Amina había rondado nuestra cabeza durante años, y tras hablarlo y requetehablarlo, y pedir la opinión de médicos ugandeses y españoles, nos decidimos a tirar para adelante el pasado febrero. Elegimos Corsu, un hospital fundado por médicos italianos, del que nos habían hablado bien. Es un bonito proyecto, y hospital de referencia para niños con discapacidad a los que operan gratis. Hay muchos que no pueden permitirse costearse la operación de sus hijos, y llegan a puñados de todas partes del país, contentos de saber que alguien va a ayudarles a no ser toda su vida discapacitados. Fue aquí también donde operaron a Mary cuando se quemó el brazo tras un ataque epiléptico – pero ésta es historia para otro día.

Vuelvo a la hernia, que me voy por las ramas. La de Amina no es considerada discapacidad, así que tuvimos que pagar la operación, al cambio, 250 euros. Pedí ayuda y en breve tuvimos el dinero. ¡Gracias a los que colaborasteis!

El día de la operación, el 6 de febrero, estábamos todos muertitos de miedo. Por más que los médicos nos aseguraron que tener VIH no tenía por qué ser un problema, no respiramos tranquilos hasta que salió de la operación. Pasé con auntie Elisabeth las 3 o 4 horas más lentas de mi vida, y cuando la vimos salir, ya despierta y con su carita preciosa, las dos la cogimos de la mano y le dijimos “curicayo” (que no sé cómo se deletrea, pero así suena, y significa “welcome back”).

El postoperatorio no fue fácil. El hospital deja mucho que desear, sobre todo para la mentalidad española de Auntie Bea (la suerte que tenemos, oiga!), y compartir la cama en un pabellón con otros como mínimo 80 pacientes, niños con todo tipo de operaciones y dolores, y madres que comen en cualquier sitio dejando todo tirado por el suelo, y olores, y quejidos, y llantos, y buscarse la vida para tener una mosquitera en condiciones, y médicos que no dan ningún tipo de explicación, y enfermeras que te dan la espalda y ni contestan cuando les preguntas…

En fin, que felices como unas perdices nos fuimos a casa al día siguiente de la operación. Le dolió durante días, pero a la semana estaba ya bien, y a las dos empezó a ir al cole otra vez.

Hace algo menos de dos semanas, cuando ya pensábamos que estaba todo acabado, Amina vino a mi cuarto (que es casi casi la enfermería de Malayaka House) y me dijo que le dolía el ombligo. Estaba duro como una piedra, cuando tenía que ser ya solo un pellejillo de piel estirada por años de hernia, y tenía como una bola dentro.

La llevé a la clínica a la que vamos a Entebbe – cuyo eslogan no es muy alentador para un atea empedernida como yo: “Our strength is in God” -, que más y más merece mi respeto, sobre todo si está el médico que parece que sabe lo que hace (una especie en extinción en Uganda), mi querido Doctor Muganga. Éste me dijo que la hernia había vuelto a abrirse, que había que volver a operar y que ahora la cosa era urgente. Me sugirió que su jefe, cirujano, podía operarla en la clínica.

Me cagué en todos los muertos de los médicos de Corsu, y en que la medicina no es siempre perfecta. Parece ser que la vez anterior no la operaron bien, porque en palabras de nuestra querida Rocío, una cirujana onubense que colabora con Malayaka House, las hernias pueden reabrirse, pero no con tan poco tiempo. Lo mismo opinaba Muganga. Y tenía que ser con Amina, joé!

Así que el martes de la semana pasada al “theatre”. Vuelta a pagar (Inés, tú y tu familia… ¡no tengo palabras!) y vuelta a los nervios y a ver la carita de preocupación de Amina… Menos mal que todo salió bien. Se despertó de la anestesia repitiendo “I want to go home”, y empezó a ser consciente cuando Uncle Robert le estaba prometiendo “ice cream and sweties”, Auntie Bea levarla a Anderita Beach a comer pizza, y Auntie Elisabeth tenía una gran sonrisa de alivio en su cara.

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Una semana después, está mucho mejor, y el postoperatorio ha sido mucho más fácil esta vez. En esta clínica teníamos nuestro propio cuarto y una atención profesional y personalizada. Todo un lujo.

Amina es, y dejadme que lo escriba en mayúsculas, UNA CAMPEONA. Su fuerza no deja de impresionarme, y lo mejor, contagiarme cada día. Un día antes de irme, su sonrisa con un trozo de pizza entre las manos, brillaba más que el sol reflejándose en el Lago Victoria, y mi corazón se llenaba de esta niña mágica. Amina niña dulce, Amina luchadora, Amina princesa de Malayaka House.

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La mujer en Uganda

Hace unos días se celebró el día internacional de la mujer. Quiero, desde el humilde rincón que me da este blog, contaros sobre las mujeres ugandesas.

Podría tirar de estadísticas, pero esas ya las encontráis en internet, así que voy a contaros lo que yo sé y he vivido aquí en Uganda, un país que sobrevive, igual que todo África, gracias a sus mujeres.

La sociedad ugandesa es muy machista y los hombres, aunque no reconocido por la ley, tienen muchos más privilegios que las mujeres, y muchas menos responsabilidades.

Si bien esta sociedad no es árabe, sino más bien cristiana, los hombres pueden tener cuantas mujeres quieran. En los países árabes pueden tener cuantas mujeres puedan mantener, y tienen que casarse con ellas. Aquí es aún peor, porque la ley no les obliga ni a casarse ni a mantenerlas a ellas y a sus hijos.

Así que aquí un hombre se casa con una mujer por la iglesia y por el rito de su tribu. Esa es la mujer que va a cuidar de su casa, y la mujer “oficial”. Con el resto que encuentra en su camino puede convivir, crear otra familia, tener hijos, y luego desaparecer y no ocuparse de ellos.

DSCF3326Hace poco estuve en la comisaría de policía y me tocó esperar dos horas en el cuarto donde se gestionan los asuntos de Niños y Familias. La jefa de este departamento, por la que yo estaba esperando, estuvo todo ese tiempo escuchando los problemas de una pareja que, sin duda, estaba recomendada por algún alto cargo, discutiendo su situación “matrimonial”. Y la discutieron en inglés, así que me enteré de todo. La mujer se quejaba de que el hombre la había abandonado, que vale, que no era su mujer por la iglesia, pero que habían convivido durante ocho años, y que ahora él había encontrado otra mujer, y se había olvidado de ella y de sus hijos. Que entendía que él podía hacer eso si quería, irse con otra, pero que le exigía que por lo menos colaborara con los gastos de la casa y de los dos hijos que, juntos, habían traído al mundo. Las dos horas dieron para mucho, y el hombre, para justificarse, incluso comenzó a contar detalles sobre su relación sexual. Venía a decir que ella ya no le quería en la cama, y que entonces él se había visto obligado a buscarse a otra. Todo esto en medio de unas 10 personas, incluida yo, la mzungu que intentaba disimular su asombro y que hacía todo lo posible por controlarse y no meterse en medio y dar su opinión.

Tras las dos horas, la policía le dijo al hombre que tenía que empezar a pagar dinero, y que si no lo hacía directamente, la mujer podría venir a la policía otra vez, y entonces él tendría que depositar el dinero en la policía, y que si no le detendrían.

Lo triste es que esto no es cierto, y si no paga, nunca le detendrán. Y seguirá con la mujer que está ahora, y encontrará otras, y seguirá “produciendo” hijos de los que luego se olvidará que tiene que mantener, y será una nueva mujer la que tenga que hacerse cargo de la vida de esos niños.

Cuando ya se habían ido, la policía me atendió a mí, y me dijo “Está claro que todavía están enamorados”. Acojonante.

Auntie Winnie estaba conmigo ese día. Ella tiene una hija y nunca se casó por la iglesia. El padre de su hija no le pasa dinero, y ella vive con su madre y sus hermanos, y gracias a eso la puede mantener y darle una buena educación. Le pregunté por qué el padre no le pasa dinero, y me dijo que para que lo hiciera, tenía que suceder una escena como la que acababa de presenciar, y que no estaba dispuesta. Y que además eso valía para que él pagara una temporada, pero después volvería a dejar de hacerlo. Auntie Winnie tiene suerte porque trabaja en Malayaka House, donde recibe un sueldo digno que le permite no tener que depender de ningún hombre para sobrevivir. ¡Qué importante!

Y es que si eres mujer pobre, no encuentras trabajo, pero sí un hombre que te mantenga, y luego te deje embarazada, y luego te abandone con un hijo… ¿cómo sales de ahí si no hay forma de encontrar otro trabajo? Algunas de ellas buscan y encuentran otro hombre, que no quiere a los hijos que ya ella tiene y la obliga a abandonarlos. Y ella, desesperada, inculta, pobre hasta la médula, acepta y ejecuta. Y ahí tenemos otro niño abandonado en Uganda. Otras se prostituyen. Otras son mendigas. Y otras tienen más suerte y encuentran un pequeño sustento para malvivir con sus hijos, vendiendo casava, samosas, o chapatis, rogando a dios que llegue el hombre que la saque de la pobreza, a ella y a sus hijos. Por supuesto hay una pequeña parte de la población femenina que estudia, trabaja, toma las decisiones adecuadas, tiene suerte, y un trabajo y puede mantener a sus hijos dignamente. Un ejemplo de ellas son nuestras aunties, y espero que, en el futuro, lo sean nuestras niñas también.

Hay que empoderar a las mujeres. Educarlas. Darles un trabajo. En mi opinión esta sociedad ugandesa, corrupta y machista, cambiará en la medida en la que sean capaces de dar a la mujer un papel fundamental. Pero no estoy diciendo nada nuevo, es de cajón. ¿No?

Y lo que sucede también, igual que sucede todavía en España, es que las propias mujeres son todavía machistas. E incluso nuestras aunties, partícipes activas en economía ugandesa, son machistas y aceptan (o han aceptado en el pasado) tener parejas que a su vez tenían otras mujeres. Y ya no es solo el hecho de aceptar que el hombre tenga la libertad de hacer lo que le dé la gana, es también lo que, en temas de salud, ello conlleva. Ese hombre con el que tengo relaciones sexuales, las tiene con otras. E igual que conmigo, no utiliza preservativo, e, igual que a mí, a las otras mujeres les va a pegar cualquier enfermedad sexual que tenga. Y así el VIH y otras enfermedades de transmisión sexual, no paran de crecer. Y las muertes consecuencia de ello, y el abandono de niños que pierden a sus madres. No solo en círculos pobres de la sociedad… sucede en todos lados.

Y sin ser tan dramático, me sucede a mí todos los días. Con las aunties, con las adolescentes que viven ya fuera, con las que viven todavía aquí, con los adolescentes… la opinión de “auntie Bea” no vale igual que la opinión de “uncle Robert”. Y es porque soy mujer. Lo mismo ocurre en la policía, en el supermercado cuando intentan ligar conmigo, e incluso con el director del colegio que me quiere invitar a un café cada vez que me ve. Yo ya le he dicho que soy mzungu y que solo puedo tener un hombre en mi vida.

Por dar una nota positiva y terminar con esperanza, creo firmemente que nuestras niñas, sobre todo las que se han criado en Malayaka House desde que han sido bebés, y no han conocido pobreza, ni padres machistas y aprovechados, ni hombres intentando abusar de ellas… serán distintas en el futuro. Mi esperanza para esta sociedad es que niñas como las nuestras, esa super Patu o Amina con su VIH, sean los elementos activos de ese cambio. Un cambio que esta sociedad ugandesa está pidiendo a gritos.

Ah que casi me olvido! Creo que en España no se ha estrenado, y no sé por qué, pero os recomiendo ver una peli que se llama “Queen of Katwe” http://www.filmaffinity.com/es/film604566.html , sobre una niña ugandesa que vivía en una de las zonas más pobres de Kampala y que se hace campeona de ajedrez. Muy Disney, pero a la vez, muy inspiradora. Y además de ver una historia real de esas que necesitamos más, podéis ver un trocito de Uganda.

Felicidades atrasadas, desde Uganda, a todas las mujeres que lean esta entrada.

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DE LOS VOLUNTARIOS

Hoy he decidido dedicar este espacio a los voluntarios que nos visitan, y que a través de sus palabras, os llegue también un pedacito de lo que es Malayaka House.

Esta vez ha sido un grupo de 5 españoles, tres vascas y dos madrileños, que además de hacer buenas migas y formar un grupo con muy buen rollo, han repartido cariño a nuestros niños a destajo.  ¡Sois geniales!

Y no puedo hacer otra cosa que admirar y agradecer lo que los voluntarios que vienen a visitarnos hacen por estos niños. No es solo que pasen tiempo con ellos, que bailen, canten, jueguen, abracen, besen y ayuden haciendo “homework” o doblando las toneladas de ropa que las aunties tienen cada día, o fregando los cacharros, o ayudando a cocinar… es que se dejan un pedacito de corazón aquí con nosotros, y entre todos los que han venido en estos años, de distintas culturas, formas de ser, nacionalidades, costumbres… vamos construyendo un corazón muy grande que bombea para seguir haciendo lo que hacemos cada día: luchar por un futuro mejor para estos niños.

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Os regalo aquí hoy la experiencia de cuatro de ellos: (¡gracias chicos!)

Uncle Victor:

14333051_10209390360387334_167508751238372581_nPocas vueltas están siendo tan duras como esta. Una experiencia increíble inexplicable con palabras, miles d momentos especiales cada día. Quería dar las gracias a varios héroes y heroinas de Malayaka House, Antie Bea Gutiérrez, uncle Robert, anties ugandesas, anties españolas y sobre todo a los niños d la casa sois increíbles. He tenido la oportunidad d conocer gente con historias de lucha de superación, sobre todo d dar todo x los demás. Muchas veces cuando decía donde iba la gente siente una especie de admiración…”hostias que huevos”, “q Valiente”, “q grande”… NO, los valientes las grandes personas están allí luchando a diario y desde aquí recomiendo (y perdón por la chapa) aquel q esté buscando la felicidad y no la encuentra en viajes exóticos, placeres caros, antojos q no necesitamos…que vaya a MALAYAKA HOUSE y allí la encontrara Xq una persona no puede hacer mucho pero muchos hacen la diferencia. Espero haberos hecho reír un poquito a mi m habéis dado mucho. Gracias por todo familia y espero volver pronto!”

Auntie Esti:

14502912_10154717776511162_833493672523607504_nEste verano he tenido la suerte de ser una de las voluntarias de Sep 2016 en Malayaka House, donde no solo acogen a niños abandonados, sino que los cuidan, miman y educan de la mejor forma que se puede hacer, dandoles todo tipo de cariño, facilidades y apoyos para su buen desarrollo. El mismo cariño y dedicacion tienen Bea y Robert tb con las Anties que trabajan en Malayaka House, voluntarios, perros, gatos,chickens, conejos y demases de la casa. 

Sois una gran familia Malayaka!!! Y ha sidoun placer ser parte de vuestra vida y de vuestro día a día. Espero volver a veros muy pronto. Antie Esti, Pretty, Turururu…..jijiji!!

Auntie Aitzi:

14517652_10210073706415643_3820102383180748013_nSer voluntaria en Malayaka House ha sido INCREIBLE!! Una experiencia única en la vida que espero repetir en un futuro.

Es imposible escribir todas las vivencias de estas 3 semanas pero lo resumiria así: Los niños son felices!!
Independientemente de las malas experiencias anteriores de cada uno, alli se encuentran un hogar de verdad. No solo con las necesidades básicas cubiertas sino con el suficiente cariño para vivir con la seguridad de que ya nadie les va a dejar tirados.

Saben que tanto Antie Bea como Uncle Robert siempre se van a asegurar de que estén bien y sean felices y eso se nota en el ambiente de la casa.

También se contagia, asi que los niños se ayudan entre ellos, comparten la comida, los juguetes, las risas, los bailes… Se apoyan cuanto uno está mal o cuando son demasiado pequeños para vestirse, empujar el carro o para echarse rice and beans en el plato!
Es un paraiso en medio de una realidad muy dura pero que es posible gracias al esfuerzo también de las aunties que hacen que esa gran rueda nunca se pare.

Dejo una anéctoda de las tantas que hemos vivido:
Ishmat me dijo un dia que queria pegarse unas alas de murcielago en la espalda para poder volar hasta la luna. Una vez alli, podría comer muchas chucherias y al volver me decia que se se iba a hacer tan famoso por haberlo conseguido, que la gente le daria muchisimo dinero, desde donde estabamos hasta el final de la valla de Malayaka house, todo lleno de dinero. Ese dinero se lo daria a Antie Bea y Uncle Robert para poder comprar dulces, ir todos los niños a la piscina y comprar comida; rice and beans para todos. Eso es la felicidad para un niño en Malayaka house!

¡¡Muchisimas gracias por todo!!!

Auntie Maribel:

Voy a ser sincera. Pocos días antes de que empezara esta “aventura”, aparecieron todos mis miedos…¿Seré capaz de adaptarme, de aportarles algo , les podré ayudar? ¿Ingles?..pero nada más atravesar la puerta de este pequeño “oasis”, todo cambió.

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Los niños nos acogieron con mucha alegría y llamándonos anties y uncles. Según pasan los días, te das cuenta de que es a ti a la que te van a aportar un montón de cosas, alegría, generosidad, compañerismo.. ( aunque parezca una frase hecha, es un realidad).

Ellos (los niños), son unos afortunados de haber “llegado” a Malayaka house. Tienen todas las necesidades básicas cubiertas y sobre todo y ante todo muuuucho cariño y amor, gracias a las súper anties que conviven con ellos día tras día y a los (para mi) súper héroes, BEA y ROBERT.

Ella, tan dedicada al cuidado diario de los 39 niños y de los perros y gatos que conviven con ellos (tendríais que ver su habitación, siempre llena de 5 perros y 7 niños como mínimo..jeje!) todos son una gran y magnifica familia.

Él…un genio!! siempre maquinando y trabajando para sacar adelante distintos proyectos que mejorarán si cabe la vida de todos ellos.

Gracias, gracias y gracias a todos por esta experiencia que no me la quitará nadie, pase lo que pase.

Mención especial a mis super compis de la guest-house..sois los mejores!! I miss you!!

Si tuviera que puntuar este experiencia del 0 al 10…10.5!!

Antie Mary…

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¡GRACIAS A TOD@S!

 

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CUMPLE 1- CUMPLE 17

Llevo tanto tiempo sin escribir que se me acumulan los temas y no sé muy bien por cual empezar. Creo que voy a optar por el orgullo de auntie que me salió por los poros para contaros la fiesta de cumple que celebramos para Patricia y Big Cheche. Fue hace ya un tiempo, pero bueno…

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Mi orgullo de auntie, mi amor y mi admiración por dos miembros de Malayaka House, tan distintos en todo y tan iguales al mismo tiempo. Distintos en edad, en sexo, en forma de ser, en su historia… pero unidos por este proyecto bonito, dos personitas que brillan con luz propia, que han tenido una segunda oportunidad, que pueden ser felices, y pueden optar a un futuro lleno de oportunidades.

Parece increíble que Patricia llegara ya hace un año. Recuerdo como si fuera ayer la noche en la que apareció en nuestras vidas. Tenía 4 días, pesaba 1kg y era todo ojos y pellejillo. A mí, que nunca había cuidado de un bebé recién nacido, y menos tan pequeñín, me impresionó sobremanera. Recuerdo esa sensación de miedo/respeto al cogerla en brazos, no dejar de pensar “está bien? respira? sobrevivirá?”

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La verdad es que Robert, las aunties y yo la primera, aprendimos mucho en aquellas primeras semanas de Patricia en Malayaka House. Cada uno tuvo la lección que le puso el destino, y sin duda, aprendió de ella. No sin sufrir, no sin lamentar, no sin llorar, no sin la angustia de saber que estaba en nuestras manos salvar a aquella pequeñita.

Cometimos sin duda muchos errores, pero también muchos aciertos. La prueba es que Patri sigue entre nosotros. Fue un trabajo en equipo como yo no había experimentado nunca, porque la responsabilidad de una vida une, construye y fomenta que los unos nos ayudemos a los otros por un bien común que está muy por encima de los intereses personales.

Patri llegó, pasó por el hospital y casi se nos va al otro barrio, pero sobrevivió, se pasó un mes y medio comiendo por un tubo que iba de la boca al estómago, y cuando pesó 3kg, empezó a disfrutar de sus hermanos y hermanas.

En todo este tiempo no ha hecho si no crecer y hacerse cada día más y más preciosa. Tiene una personalidad curiosa. No le van mucho los extraños, y no sonríe a cualquiera. Ahora la llamamos “destroyer” porque cualquier cosa que pasa por sus manos, la destroza.

Empezó a gatear cuando tenía 9 meses, se puso de pié en equilibrio cuando tenía 11, y dio sus primeros dos pasitos 10 días antes de su cumpleaños, regalándoselos a auntie Victoria en el momento en el que se estaba despidiendo de ella. Vaya momento mágico!
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Patu (como la llamamos ahora) sonríe y da palmas cuando cantas para ella, es delgadita y lo de comer no le va mucho, grita y se mueve ya de un lado a otro como un ratoncillo, y no para.

Todos los niños que viven en Malayaka House, son sin duda, de una u otra forma, milagros o aciertos del destino. Patri decidió vivir, y nosotros la ayudamos en esa tarea. Nosotros y no solo nosotros, también un montón de gente más que nos ayudó y nos ha ayudado con la leche, pañales, donativos, ropa, juguetes… gente de corazón bueno que decidió dar un paso para adelante para ayudarnos a salvar a aquel pellejillo dulce de mirada viva que quería quedarse entre nosotros.

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Con este punto y aparte aprovecho para hablar del otro prota de la fiesta, Big Cheche. Creo que en su día ya escribí en una de las entradas del blog, pero este grandullón no deja de sorprenderme y hacerme sentir orgullosa cada día.

Llegó a Malayaka House hace 4 años cuando tenía 13. No hablaba inglés ni leía ni escribía. Se dedicaba a buscar entre la basura en Kampala y había sido tratado durante años por un VIH que no tenía.

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Big Cheche es muy muy muy trabajador, y ha madurado mucho en la casa. Además de aprender a leer y a escribir a nivel básico, está involucrado con todos los proyectos que hemos puesto en marcha. Se encarga del sistema de paneles solares, del sistema de recolección de agua de lluvia… con sus manos grandes trabaja el huerto, cría los pollos, conejos, cabras y otros animales de granja, y los peces gato.

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Pero además de todo esto se preocupa y cuida de sus hermanos y hermanas más pequeños, y para todos es un modelo al que todos miran y respetan. Georgie le adora y cuando alguien le hace algo, dice “Kulo payo Biggy” que significa, “me voy a chivar a Big Cheche”. El otro día me lo dijo hasta a mí, jeje, porque para él este hermano mayor grandullón tiene claramente más autoridad que la flacucha de auntie Bea.

El pasado 8 de agosto Big Cheche cumplía años y me pidió si podía celebrarlo porque nunca lo había hecho en sus 17 años de vida. ¡Cómo para decirle que no! Así que decidimos juntarlo con el cumple de Patu.

 

Y os voy a confesar un secreto, para mí Big Cheche es el más especial de todos los niños mayores (jovenzuelos ya) que viven en Malayaka House. Desde que le conocí conectamos, y le quiero y le respeto más de lo que puedo expresar en palabras. No sé si puedo sentirme más orgullosa de la persona en la que se ha convertido y de todo lo que le espera en el futuro.

Biggy y Patu… I love you. 

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FIESTA SOLIDARIA para NIÑOS

El próximo 12 de junio vamos a celebrar la primera fiesta solidaria para niños de Malayaka House. Y no sabéis la ilusión que me hace.

La idea surgió con mis amigas, y en realidad no fue una idea, solo un comentario. Desde que fueron mamis, hace dos años, siempre escuchaba la misma respuesta cuando les decía que no podían falta a la fiesta solidaria de Malayaka House: “Imposible Beita, con el peque no puedo”. Y así hasta que un día una dijo “Cuando hagas una fiesta para niños, vamos”.

Y entonces empecé a darle vueltas, lo comenté con mi hermana y Di y decidimos que era un ideón.

Una fiesta para niños no es solo para que mis amigas y amigos no tengan ya excusa para no venir, es una oportunidad única de conocer un proyecto como el nuestro desde los ojos de un niño. Como ha dicho mi prima Nuria “una fiesta de niños para niños”. Y además en mi Delta querida, la urbanización donde crecí, un tanto comuna hippy que nos enseñó a todos los que tuvimos la suerte de crecer allí valores que creo que conservamos todavía.

Lo que yo he aprendido en Uganda, y sigo aprendiendo, es que el mundo desde los ojos de un niño tiene unos colores, unos sabores, una textura que los adultos hemos olvidado. Algún día lo vimos como ellos, pero algún día dejamos atrás esa pureza de tener los 5 sentidos trabajando a la vez sin tapujos ni control.

maggu and dave (1)En Malayaka House (en Uganda en general) los niños maduran antes que los niños en España, por lo menos en el círculo en el que yo me muevo. Porque desde que son pequeños tienen muchas más responsabilidades y tareas que los españoles. Desde pequeños llevan a sus hermanos en brazos, les duchas, les visten y les enseñan sin siquiera ser conscientes de ello. Ayudan a limpiar, a cocina. Aprenden a cuidar de gatos, perros, cabras, conejos. Aprenden a sembrar, a cultivar, … Pero aún así, esa pureza, esa inocencia, sigue ahí y es una pasada observarla cada día.

 

Si consigo, y Robert me ayuda porque también estará, llevar un poquito de la vida de nuestros peques a España, y enseñárselo a vuestros hijos, sobrinos o nietos me sentiré realizada y feliz. Si vuestros niños entienden la suerte que tienen de teneros, de tener una vida de necesidades cubiertas, de haber nacido entre padres, madres, tíos, tías, abuelos y abuelas que les adoran y se preocupan por ellos, me iré satisfecha a casa.

Y qué bonito sería conseguir sembrar, con este tipo de iniciativas, una pequeña semilla solidaria en ellos, de forma que cuando crezcan, estudien y tengan un trabajo, y ellos también tengan hijos, no se olviden de educarles en valores solidarios. Pensar y preocuparse de los demás, siempre.

Si educáis a vuestros hijos en solidaridad, ellos educarán solidaridad e incluso os enseñarán a vosotros algún día. De eso estoy segura.

A mis niños de Malayaka House intento enseñarles algo parecido. Que sean conscientes de la suerte que tienen de que haya gente en otros países que les ayudan para que puedan tener una vida mejor que muchos otros niños ugandeses. Y que cuando crezcan y tengan su familia, no se olviden de ser solidarios también y buenos con otros sin tanta suerte. A un gran porcentaje de ellos si les preguntas si van a tener hijos, de una u otra forma dicen que quieren cuidar de niños sin padres, como Uncle Robert.

Bueno aquí lo dejo. Os animo a que vengáis a pasar un buen rato, a que vuestros hijos se diviertan y aprendan, a que nos echéis una mano a recaudar fondos para seguir haciendo lo que hacemos, y que tanto nos gusta hacer.

¡OS ESPERO!

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