PRECIOSA DEBBIE

Hoy ha sido un día intenso. Y me he sentado a escribir un poco para encontrarme conmigo misma. Hacía tiempo que no hacía este ejercicio, y mira, he tenido que venirme a Uganda para retomar esta buena costumbre.

Hace un mes o mes y medio conocí a Deborah. Ella me ha pedido que la llame Debbie. Tiene nueve años y vive en Early Learning, un orfanato en Entebbe que es también un colegio interno. Me enamoré de ella desde el primer día que la vi.

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No era la primera vez que iba a Early Learning, porque Malayaka House colabora con el orfanato desde hace unos años, pero sí la primera vez que la veía. Y es que no lleva mucho allí. Llegó hace menos de un año a través de la policía. Se había escapado de su casa y alguien la encontró por la calle deambulando. Se escapó porque su madre la maltrataba.

Debbie tiene una enfermedad: sifosis dorsal lateral y pectum carinatum, provocada probablemente por una tuberculosis mal curada. Si os lo traduzco solo puedo intentar describir lo que le pasa. Es pequeñita y su columna está curvada describiendo una chepa, y su pecho está concentrado en la mitad de lo que debería ser, y sale hacia fuera. Tiene el cuello cortito y la altura de una niña de cuatro años.

Su madre le pegaba en el pecho y en la espalda con un palo. Supongo que por la propia frustración por no saber aceptar tener una hija enferma. ¿Hay palabras para describir esta atrocidad? Yo no las encuentro, y quizás sea mejor así. Haber perdido a su preciosa niña es sin duda su mejor castigo.

Minerva, una médico rehabilitadora española que está colaborando con Malayaka House a través del WorldProject, la ha visto estos días. Si Debbie estuviera en España, se valoraría una operación y podría tener posibilidades de ser una niña normal. Aquí en Uganda ni se contempla. Quizás pueda llevar un corsé que lejos de corregir su enfermedad, consiga por lo menos que no vaya a más. Que visto lo visto, es un logro puesto que si va a más, las posibilidades de muerte prematura son muy altas, porque les faltaría espacio a sus pulmones y a su corazón para seguir trabajando en su cuerpecito.

Debbie ha estado esta tarde sentada un ratín en mi regazo, con sus deditos cruzados con los míos, mientras yo le preguntaba por su espalda para que Minerva tuviera más información para ayudarla. Luego me ha llevado a enseñarme su cuarto. En el camino me contaba que Auntie Rebeca cuida de ella y por las noches acerca su cama a la suya para que ella se sienta más protegida. En su cama tenía todas sus pertenencias: dos mochilas pequeñitas. Una las cosas del cole y la otra con su ropa. Eso era todo. Le he dicho que me enseñara sus vestidos, y con una gran sonrisa se ha ido poniendo uno a uno por encima, posando en plan modelo.

20131017_173050Hoy le he dicho que no deje que nadie tenga pena por ella (y esta reflexión no es mía). Aunque en realidad creo que no hace falta que yo se lo diga, que ya lo hace sin darse cuenta. Luego he pensado que justo eso es lo que me ha pasado a mí, que el sentimiento de pena me ha hecho preocuparme más por ella que por otros. Y aquí llevo un rato dándole al coco pensando si está bien y de si es justo o no. He llegado a la conclusión de que sí, es justo para ella mientras la pena se transforme en acción: querer ayudar y proteger, y hacer todo lo que está en mi mano.

Pero dejando para otro día esta especie de filosofía barata, por lo que quería hablaros de ella es porque me ha impresionado su espíritu, su energía, su sonrisa y su alegría. Sus ganas de vivir. Su cariño hacia los demás. Su dulzura. Y su encanto. Yo no puedo si no admirarla, y desear que se me pegue algo de esta bonita niña. Y darle las gracias por el cartel de “lleno” que me cuelga hoy del lado izquierdo del pecho.

Agnes es la directora del orfanato. Es una mujer admirable de pies a cabeza. Y gracias a ella niñas como Debbie tienen la posibilidad de un nuevo hogar. Hoy me ha contado que una vez que un niño se metió con Debbie por su enfermedad, ella le sonrió, y le dijo “no me afecta nada de lo que me dices, estoy bien”.

Y es que, al contrario que en nuestra sociedad, donde nuestros niños son crueles con el que es distinto, en los orfanatos de Uganda, los niños más débiles, los que están enfermos, son los que más fácil lo tienen. Dentro de esas paredes, claro. Y todo es gracias a las aunties, que se preocupan de ellos más que de los otros. Y si una auntie cuida de ti, el resto de niños lo respetan hasta el punto de que hacen lo mismo y también cuidan del que está peor que ellos. Y en muchos casos, os lo aseguro, es mucho pedirle a niños que han vivido lo que han vivido.

A mí me gusta pensar que es solidaridad, pero quizás no sea nada más que disciplina… Sea lo que sea, es bonito verlo. Cuidar y ayudar del que lo necesita más que tú. ¿No es eso lo que deberíamos hacer todos?

¡Aquí os dejamos nuestras sonrisas de hoy!

bea y debbie

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About bea

Me voy a Uganda a colaborar con lo que se ha convertido en mi nueva vida: la casa de acogida Malayaka House. En este blog pretendo contaros sobre este proyecto, así como mis experiencias en Uganda, y poder haceros llegar un pedacito de aquello y de lo que estamos haciendo.
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3 Responses to PRECIOSA DEBBIE

  1. Mer says:

    Los niños aprenden mucho por imitación, y si las aunties dedican mas tiempo a los más débiles, sin duda, están educando niños que tendrán una capacidad extra para la solidaridad. Gracias por vuestro trabajo!!!!!

  2. Richy says:

    Cada vez que te leo me viene la inspiración, y es que me doy cuenta que lo que hacemos es bastante parecido, aquí los padres no maltratan a sus hijos conscientemente, solo les transmiten sin quererlo, sus “cargas” de una vida dura, y dándoles todo, muchos niños esta infinitamente mas vacíos y perdidos que debbie. Estoy de acuerdo en que hay que ayudar mas al mas débil, y que la pena sin acción no ayuda a cambiar una situación, gracias Beatriz!!!

  3. Paco Marín says:

    Bea, leo todos tus escritos desde el primero, con una alta dosis de curiosidad y mucho de inquietud, por ver que novedades nos traes de esos mundos tan distintos y al mismo tiempo tan cercanos. Desde el primero me propuse contestarte, hacer algún comentario, pero siempre me ha frenado una sensación de incomodidad. Desde aquí, en el sillón de cualquier rincón de este “jodido primer mundo” dando mensajes de animo a quien lo ha dejado todo para hacer cosas “irrelevantes” como abrazar a Debbie. apoyar a la señora de la tienda o llevar niños a la playa. Superando esa incomprensión, te animo a hacer lo que haces, a contarlo como lo cuentas y a seguir dándonos un ejemplo de buen hacer en estos tiempos en los que nada parece tener mucho sentido. Un abrazo muy fuerte.

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