LA PEQUEÑA MARA

Ayer fue un día agotador, pero a la vez fascinante.

Me levanté a las 6:30 de la mañana, llevé a los niños al cole. Fui a la Babies Home, cogí a dos de las niñas más mayores, Amina y Angela, y con un “boda boda” me las llevé al mercado de Kitoro, al lado de Entebbe, para que salgan un poco de la casa y conozcan su entorno.

20131126_115756Después del mercado las dejé Malayaka House, volví a la Babies a por Mara, y en un boda también (ya es hora de utilizar abreviaturas) vinimos a Malayaka. La dejé y me fui a recoger a los peques del cole. Comimos, y nos fuimos con Mara al médico (gracias Sofía!). Esto al ritmo ugandés, supuso más de dos horas para hacer un chequeo general y unos análisis, y eso que teníamos cita. No me quejo porque no está mal para cómo se las gastan aquí.

Después del médico, a por la segunda ronda de niños saliendo del cole y a llevar a las niñas mayores a rugby. Volvimos a Malayaka House, dimos de cenar a Mara, Amina y Angela, y vuelta a la “van” para devolverlas a la Babies, y aprovechando el viaje recoger a las del rugby, que estaban agotadas del entrenamiento. Llegamos a casa, y Pizza Night. ¡Puff! Y hoy madrugón otra vez. Pero al contrario que cuando trabajaba en Madrid, no me importa, lo hago encantada y hasta me sienta bien.

Así que… todavía no me creo que esté sentada delante del ordenador escribiendo. Pero fue un día tan bonito que tenía que compartirlo. Y la prota fue sin duda alguna, la pequeña Mara Priscila.

IMG-20131126-WA0001Mara es nuestro nuevo bebé en la Babies Home. No quiero entretenerme en contar cómo y por qué llegó porque estoy empezando a pensar que no es justo para estos niños que tanta gente sepa sus desgracias cuando ellos no son los que deciden contarlas. Así que solo diré que Mara llegó con su madre a través de la policía porque la pobre mujer está enferma y no puede hacerse cargo de ella.

Mara se llama Priscila. Normalmente, cuando los niños llegan tan pequeños, conservan su nombre en la ficha, pero se les suele poner otro nombre con el que sentirnos más identificados. Algo así como un pequeño punto de inflexión en sus cortas vidas. Pues el destino hizo que esta vez lo eligiera yo. Así que me decidí por Mara porque es el nombre que le hubiera puesto a mi hija, si hubiera tenido una. Y Mara no es mi hija, por supuesto, pero es mi “algo” especial (lo siento pero no he encontrado una palabra para definirlo), como lo son el resto de niños que tengo el privilegio de ver crecer en este maravilloso lugar.

Mara tiene un añito y está malnutrida. Pesa 5 kg y todavía no anda. Ni gatea. Y desde que llegó hace una semana, solo ayer la oí emitir algún sonido. Tiene las piernecitas y bracitos más delgados que he visto en un bebé, y los ojos más tristes. Ah, y las pestañas más largas.

Cuando la coges, apoya su cabecita en tu pecho. Y mejor, corrijo y comienzo a hablar en primera persona. Cuando la cojo, apoya su cabecita y su mano izquierda en mi pecho, y se acurruca. Y siempre su manita se agarra a mi camiseta, como si pensara que en algún momento se puede caer y eso le diera seguridad. Ayer cuando la llevaba en el boda, se agarraba más fuerte a mí cuando pasábamos por un bache, aunque su carita, impasible, y su mirada triste no demostraba si estaba pasando miedo.

Su madre vino a dejarla en el orfanato. Y se fue sin una lágrima. Y Mara se quedó sin lágrimas también, y no por llorar mucho, si no porque simplemente no salieron. Aquí en Uganda, igual que la gente no da besos, tampoco llora. Por fuera claro, porque estoy segura de que esa madre tendría el corazón ahogadito. Y quien sabe cómo lo tenía y lo tiene Mara.

En esta semana en la Babies Home todavía no ha evolucionado mucho. Las aunties dicen que no tiene mucho apetito. Pero ayer pensé que son ellas las que tienen poca paciencia. Ayer le di de comer después de ir al médico, arroz, algunas beans, huevo, leche y mantequilla (toma bomba calórica!) y poquito a poco se comió medio plato de adulto. Y bebió leche y agua. Una campeona, vamos.

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En fin, que no quiero criticar a las aunties que bastante duro trabajan las pobres, pero lo que le pasa a esta niña es que necesita atención. Y cariño, y abrazos, y besos, y tener a unos padres que estén con ella todo el día dedicándole tiempo. Y el caso es que la madre la tiene, el padre también aunque desapareció del mapa con otra, pero qué dura vida ésta que la niña acaba en un orfanato. Y es que encima puede agradecer al destino haber acabado aquí y no muriéndose de hambre en los brazos de su madre. Ays…

Y venga, ya, que no quiero ser tan negativa.

Vuelvo a la pequeñita y a las buenas noticias. Cuando llegó a la casa, subí a facebook una fotito de Mara. Y la vio mi amiga Ana, y ha decidido empezar a colaborar con Ssenga para apadrinarla. Gracias, linda. Y gracias a todos los que nos ayudáis. Desde que empezamos el proyecto, siempre he sido consciente de que sin vosotros esto no sería posible. Pero ayer lo vi aún más claro: no podría haber comprado leche, huevos y mantequilla para engordar el pellejillo de Mara, ni llevarla al médico.

20131121_131409¿Y sabéis qué? Ayer me enamoré de ella. Y quería que se quedara conmigo en Malayaka House, y dormir con ella, y cuidarla a todas horas, y darle de comer, hacerla sonreír y de un plumazo borrar su primer año de sufrimiento. Vamos que ayer la hubiera adoptado, me la hubiera llevado a España y hubiera tratado de darle la vida que se merece. El caso es que, sueños a parte, la realidad es que legalmente no puedo, y además, ¿por qué ella y no otro? ¿No sería injusto y egoísta elegir solo a uno en lugar de quedarme aquí dando cariñitos y tratando de ayudar a todos?

 

Esto pensé cuando volvimos por la noche a la Babies a dejarlas y me costaba despegarme de ella. Los niños estaban despiertos, y cuando oyeron que llegábamos se les escucha decir “Angela and Amina are back. Baby Mara is back”, emocianados. Y cuando entramos se juntaron todos a nuestro alrededor, preguntando “Amina, where have you been?”, “Auntie Bea when are you taking me to Malayaka House?”, cotilleando las cosas que traíamos y gritando a cada cual más alto para recibir atención. Pobrines.

Mara me regaló una sonrisa esperando en el médico, cuando la alcé arriba en brazos. Era la primera. Y yo, para devolver todo lo que recibo de ellos, quiero regalarles, todos los días que pueda, las sonrisas y el calorcito que tengo, a todos.

¡Qué suerte tengo!

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About bea

Vivo en Uganda donde colaboro con lo que se ha convertido en mi nueva vida: la casa de acogida Malayaka House. En este blog pretendo contaros sobre este proyecto, así como mis experiencias en Uganda, y poder haceros llegar un pedacito de aquello y de lo que estamos haciendo.
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5 Responses to LA PEQUEÑA MARA

  1. borja says:

    Toma ya Beita!!!!
    Siempre te leo en cuanto veo el mail de que ya has subido algo. No tardo ni un minuto. ¿Por que?. Pues pienso que es porque cuando empiezo los relatos algo dentro de mi sube hacia arriba y luego vuela hasta donde tú estás. Los cinco minutos que estoy leyendo no estoy dentro de mi, me elevo y me marcho. Y el viaje siempre es ligero, suave… al margen de que lo que estés contando sea triste o alegre (o tristalegre… que es lo que sueles contar). Y a la vuelta de mi viaje, me encuentro mejor, más sonriente, pero no una sonrisa exterior, no… una sonrisa interna, de las buenas, de las que se extienden desde un lado del pecho hasta el otro.
    Gracias Beita.
    TQ

  2. Maribel says:

    Que bonito, Bea…que fácil es transmitir emoción cuando se habla desde el corazón. Un beso.

  3. Luz says:

    Bien Bea!!!!! Se como eres alli y estoy segura que los peques estarán felices. Abrazalos y achuchalos por mi también. He recordado cuando estuve dando de comer a aquel gordito!!!! Que añoranza….

    Besazos para ti y achuchones a los peques.

  4. cristina says:

    Jo Bea, que suerte tienen los peques!!!. Sigue cuidadandolos así. Me haces llorar cada vez leo tus mail, pero me encantan.
    Besitos

  5. carmen says:

    Bea, gracias por hacer que este mundo sea mejor

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