EL INSTINTO MATERNAL

Empiezo a escribir por fin, otra vez. Es prontito por la mañana y acabo de ver a los peques irse al cole. Llueve y mientras comparto estas líneas con vosotros, puedo escuchar el sonido de las gotas de agua cayendo sobre Malayaka House. Y respiro el olor a rico, a plantas, a animales, a tierra húmeda y a barrizal.

Acabo de ver a algunas de las aunties y con sus sonrisas más grandes me han dicho “good morning auntie Bea”, y todas las mañana es un ritual comentar la vestimenta. “You look smart!”, “nice shoes”, “nice shirt” y así nos pasamos un rato echándonos piropos las unas a las otras. Ellas comienzan sus tareas diarias y desde mi cuarto puedo escuchar sus risas, sus gritos y su energía.

En fin, retomando el título de esta entrada, creo que en la anterior os hablé sobre Luna, una preciosa gatita que me tiene enamorada. Ahora, además de ella, tenemos otros 4 gatitos. Llegaron hace unas 3 semanas. Una tarde aparecieron en mi cuarto 4 de los niños, Jimmy, big Cheche, small Cheche y Eladjah, cada uno con un bebe gato en sus manos. Tengo que reconocer que antes de pensar lo riquines que eran, mi mente se fue a un “oh dios y ahora qué hacemos con 4 más!”. 20140314_222420Me contaron que se los habían encontrado encima del horno donde las niñas mayores hacen las pizzas. Eran super pequeños, probablemente no tenían ni dos semanas, y no hacían más que llorar y llorar con esa carilla de por favor aliméntame o tráeme a mi madre de vuelta. Les dimos leche con una jeringuilla y sugerí volver a dejarlos donde los encontramos, para ver si la madre volvía. Esperamos unas horas pero nada, lo jodía no apareció.

Seguimos intentando que se apiadara de ellos varios días más, porque la habíamos visto merodeando por fuera de la casa. Pero ni el suculento atún, ni su prole con carilla de pena consiguieron que volviera a querer cuidarlos. Así que los adoptamos.

Ahora tenemos 5 gatitos, y auntie Bea se ha convertido en Mama Gato Bea. Aunque tengo que reconocer que todo el mérito no es mío, comparto tal responsabilidad con Luna. Desde casi el principio, ella también los cuida. Un día la encontramos metida en la caja donde les guardábamos. Todos asumieron que era su madre, y fueron a sus pequeñas tetillas a intentar sacar leche. Y lo siguen intentando.

20140318_174208

Luna se acuesta con ellos de vez en cuando, se relaja, cierra sus ojitos y se deja mamar.
Pero no todo son mimos, y cuando pasaron unos días y supongo que su instinto maternal le hizo entender que ya estaban preparados, empezó a jugar con ellos. Todos pensábamos que era un poco burra, pero ahora me doy cuenta de que eso es lo que les ha ayudado a espabilar. Y ahora juegan ya todos entre ellos, corretean por el jardín y trepan por mis piernas como verdaderos escaladores.

Lucas me ayuda también. Ya os conté que Lucas tiene una relación especial con los animales. Puede pasarse horas con ellos, mimándoles, dándoles de comer y jugando. Con estos gatitos no podía ser distinto. Hay uno que es el más pequeño de todos, y le hemos llamado Peque. 20140326_112841Y Lucas le llama siempre “Peque, Peque, Peque”, después le coge en brazos y le dice “Peque, I love you”. Y después me dice a mí “Auntie, she likes me”.
Al resto no le hemos puesto nombre porque todavía no sabemos si son chicos o chicas, pero estamos en ello, esperando a que Doña Naturaleza hable y nos deje ver el sexo. ¡Que tener un nombre es muy importante!

Tenemos otro gato en la casa al que llamamos Mousse (de toda la vida hasta que ha llegado Luna, a los gatos en Malayaka House se les llama así), macho, que literalmente pasa de los bebés. Y el pederasta de él se dedica a perseguir a Luna, a morderle el cuello y a coquetear. En fin, que tampoco me voy a poner dramática, que igual no es su culpa, y lo que le pasa es que ver a Luna de madre le remueve sus instintos sexuales aunque sea todavía una adolescente.

Cuando pensaba en qué compartir con vosotros esta vez, meditaba sobre lo poderoso del instinto maternal en la Naturaleza. Me parece alucinante comprobar lo potente que es.
Está claro que Luna por sí sola no podría cuidar de ellos porque no podría darles de mamar, pero ¿no es increíble que lo intente? ¿No es precioso comprobar cómo las hembras tienen ese sexto sentido de cuidar, dar vida y repartir cariño entre las criaturas que tienen alrededor?

20140320_114642

Las humanas no somos distintas de Luna. Si procreamos, cuidamos de nuestros hijos. Pero también hay algo que nos impulsa a cuidar de los hijos de otros si éstos están desvalidos, abandonados o no tienen una madre que les proteja, les haga crecer y les guíe por este mundo.

Y yo aquí, lo compruebo día tras días con las aunties, con las niñas mayores cuidando de los más pequeños, con las voluntarias que nos visitan… Incluso conmigo misma. Me observo achuchando a los niños cada día más, protegiéndoles con todo mi corazón y viendo cómo día tras día el vínculo crece y crece, haciéndose más fuerte.

El otro día Yoel, un amigo al que conozco hace poco tiempo, pero por el que mi admiración crece día tras día, me envió algo que había escrito hablando sobre la empatía. Y todo lo que había descubierto en su visita a Malayaka House, a Uganda, y cómo había cambiado su vida. Preciosas líneas. Y escribió sobre mí como nadie nunca lo había hecho, y yo pensé, si eso es lo que ha visto estando aquí, significa que lo que tengo dentro lo estoy sacando fuera. Y me sentí feliz. Gracias Yoel por tus palabras, y gracias por compartirlas conmigo.

Y no es que esté en plan feminista hoy. Que también hay muchos hombres que tienen este instinto. ¡Y qué voy a decir estando donde estoy! Vivo en un lugar que comenzó porque un hombre empatizó con una mujer embarazada, se cambiaron los papeles y la naturaleza puso en el camino de esta mujer incapaz de ser madre, un hombre capaz de ser mujer.

Cuando la crisis, la pobreza, el egoísmo y la incultura hacen decaer las fuerzas de la naturaleza, y las madres no ejercen de madres, aparecen otras u otros, con un instinto maternal latente, potente y muy vivo que devuelve el sentido a nuestra existencia, y a la existencia del resto de seres vivos.

Porque ¿acaso la vida no es vida si cuidas de otros?

Advertisements

About bea

Vivo en Uganda donde colaboro con lo que se ha convertido en mi nueva vida: la casa de acogida Malayaka House. En este blog pretendo contaros sobre este proyecto, así como mis experiencias en Uganda, y poder haceros llegar un pedacito de aquello y de lo que estamos haciendo.
This entry was posted in Uncategorized. Bookmark the permalink.

2 Responses to EL INSTINTO MATERNAL

  1. Yoel says:

    Hola Bea, soy el Yoel del que hablas en este post. Me alagas y llenas de humildad. Gracias a ti por ensenarme tanto. manda a todos un beso y abrazo de mi parte. Sigue escribiendo, que lo haces muy bonito. Oye que increible que Luna, con lo pequena que es se comporte como intento de madre. Yo creo que ademas se dio cuenta que tu estas cuidando a los otros gatitos y siente unidad contigo. Yo creo que es lealtad hacia ti tambien.

  2. Gabriela says:

    Gracias Bea por tus palabras. Siempre maravilosas. Beso!

Leave a Reply

Fill in your details below or click an icon to log in:

WordPress.com Logo

You are commenting using your WordPress.com account. Log Out / Change )

Twitter picture

You are commenting using your Twitter account. Log Out / Change )

Facebook photo

You are commenting using your Facebook account. Log Out / Change )

Google+ photo

You are commenting using your Google+ account. Log Out / Change )

Connecting to %s