BABY PATRICIA

Que una madre se muera cuando está trayendo al mundo a su bebé es algo dramático en cualquier parte del planeta, pero dependiendo del país donde suceda, puede además suponer la diferencia entre la vida o la muerte del recién nacido.

Si vives en Uganda, en un pueblecito en mitad de la nada, eres pobre, te has quedado embarazada de un hombre con el que no estás casada, y que además tiene otras 4 mujeres… y mueres en el parto, tu bebé tiene escasísimas posibilidades de sobrevivir.

Esto fue lo que le pasó a la madre de Patricia. Vivía en la zona de Tororo, en el Este de Uganda, en un pueblo con muy pocos recursos. Se quedó embarazada y seguramente trabajó duro durante todo el embarazo para llevarse algo a la boca para ella y para su bebé. Pensamos que estaba enferma, que dio a luz prematuramente, que el parto se complicó y en consecuencia, ella murió.

Desde el primer momento el padre rechazó a su hija, muy de moda en Uganda desgraciadamente, y fue una vecina del pueblo la que trató de alimentarla con glucosa y agua, utilizando una cuchara. Si la bebé ya nació con poco peso, después de 4 días de tan pobre alimentación, estaba hecha un pellejillo.

Supimos de su caso a través de una de nuestras aunties que es de esa zona, e inmediatamente decidimos acoger a la peque en nuestra casa.

Patricia llegó a Malayaka House de noche, tras un viaje de 10 horas en matatu desde Tororo a Entebbe. Tenía 4 días de edad y ni un gramo de grasa en su cuerpecillo. Tenía manos y piernecitas diminutas y se le notaban las costillas. Era todo cabeza, y ojazos negros, con los que nos conquistó a todos desde el primer momento en que los vimos.

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(gracias Marta por esta fotaza)

Desde que llegó, nos pusimos manos a la obra para alimentarla y cuidarla. Compramos leche en polvo, un cargamento de pañales (que como vais le quedan enormes) y el kit para recién nacidos: guantes, calcetines y gorro.

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La verdad que utilizo el plural pero el mérito no es mío, que a mí siempre me han dado
mucho respeto los bebés recién nacidos, que me da cosa cogerlos por si les voy a hacer daño… pues imaginaos con esta, que además de recién nacida, era diminuta. Sin duda el bebé más pequeño que había visto en mi vida. 1,3 kg de peso.

Robert y Viola, una de nuestras niñas más mayores, se encargaron de cuidar de ella, porque a las aunties les habíamos dado una semana de vacaciones. Durante los 10 primeros días la peque fue súper bien. Comía bien, cagaba bien y dormía lo que tenía que dormir.

Pero después de este tiempo, y ya cuando las aunties habían vuelto, la peque empezó a ponerse malita. Se pasó unos días con algo de diarrea hasta que una noche tuvo una descomposición feroz y por la mañana estaba deshidratada y muy débil. Había empequeñecido más aún y tenía los ojos hundidos y casi no los podía ni abrir. Es curioso que todo lo que había pretendido no involucrarme con la peque hasta el momento, se dio media vuelta y de pronto me vi tomando decisiones sobre qué hace con ella, y hasta con determinación.

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Llamé a auntie Winnie y le dije que nos llevábamos a Patricia a la clínica a la que llevamos a los peques en Entebbe. Allí nos dijeron que necesitaba hospitalización inmediata. La verdad que los médicos de por aquí dejan muuuuucho que desear, pero el que nos atendió ese día ganó mi respeto porque al menos lo que nos dijo nos hizo actuar rápidamente.

Salimos de allí corriendo y montamos a la peque en el coche camino de Surgery, uno de los mejores hospitales de Kampala, donde llevamos a los niños en caso de emergencia. Fue fundado por un médico inglés, frecuentado por los mzungu que viven en Uganda y por la clase media-alta ugandesa. Y obviamente caro, pero la única posibilidad de encontrar una sanidad algo decente.

De Kampala a Entebbe hay 38 km, y durante el día, siempre hay un tremendo atasco. Así que, para variar, ese día también lo pillamos. Tal y como veía a la niña y tal y como el médico nos había dicho que nos diéramos prisa, empecé a pensar que se nos iba a morir en el camino si no llegábamos a tiempo. Aquí lo del pañuelo blanco para emergencias no se lleva mucho, así que empecé a conducir a toda leche por donde me podía colar. Qué bien que soy un poco fitipaldi (herencia de mi padre), y, aunque aquí es más difícil por aquello de que conducen al otro lado y el retrovisor de la izquierda iba medio colgando, tiré de arcén y de los huecos que otros coches dejaban… hasta que nos paró la policía. Aquí la mzungu angustiada, con súper nudo en el estómago estaba dispuesta a pagar lo que hiciera falta porque nos dejaran ir. Pero la verdad que cuando les dijimos que era una emergencia y vieron a la bebé, no pusieron muchos problemas, eso sí, indagaron, mirándome con desconfianza, de quien era el bebé, a dónde íbamos y de dónde veníamos.

Pufff… después de más de 2 horas de estrés por fin llegamos. Y aunque no me relajé hasta que empezaron a meter suero en ese cuerpecillo, estar en ese hospital me dio algo de seguridad de que la peque se iba a recuperar. El pediatra era un médico ugandés, formado allí, que parecía saber lo que hacía. Pusieron un tubo por la nariz al estómago y comenzamos a darle suero cada 15 minutos. Tenía una infección bacteriana, así que le tenían que dar antibiótico. Pobre lo que lloró hasta que le encontraron la vena para ponerle la vía… y qué penita al ver su manita con toda la parafernalia. Le hicieron análisis de VIH, y yuhuuu, dio negativo! Menos mal!

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Estuve tres días con ella en el hospital, con auntie Winnie y auntie Elisabeth, que iban y venían. Pasé mucho tiempo con ella, dándole leche por el tubo poquito a poco, durmiendo con ella encima de mí para darle calorcito humano, y tratando de hacer lo que una de las enfermeras me dijo era la mejor medicina: darle mucho amor.

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Por culpa de la infección bacteriana y la diarrea, Patricia tiene ahora intolerancia a la lactosa. Y tampoco digiere las grasas. Así que necesita una leche especial. Que es carísima, por cierto, y no se puede conseguir en Uganda.

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Gracias a la ayuda de Meritxel, una voluntaria que iba a venir a Malayaka House, compramos leche en España para que la trajera. Después comencé a tirar de contactos, y Miguel, médico de Worldproject, y Joaquín, un bombero del que os hablé hace tiempo que se dedica a venir a Uganda en sus vacaciones a “hacer el bien”, se han involucrado con la pequeña Patricia y han pedido a su gente que colabore con la compra de la leche que la peque necesita. Gracias Miguel y Joaquín, no solo por vuestra ayuda, también por vuestro gran corazón. También gracias Edu, pediatra que trabaja en Huelva y que ha estado varias veces en Malayaka House, por tus consejos médicos con la peque.

Hoy, después de dos semanas desde que la llevamos, hemos vuelto a Surgery. En una semana ha cogido 300 gramos, gracias a la leche que han traído desde España. Y está mucho mejor. Más espabilada, con más energía y con más hambre. Si todo va bien, en un par de días le quitamos el tubo porque ya toma el bibe entero solita y tiene hasta comienzo de mofletes!

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Yo ya estoy convencida de que Patricia se va a quedar entre nosotros. Y que ya solo puede ir poniéndose mejor. Esta niña quería vivir, eso estaba claro, pero además su estrellita hizo que diera con Malayaka House.

Patricia no habría sobrevivido si no la hubiéramos acogido. Seguramente habría muerto si la hubiéramos llevado a un hospital local por no poder pagar Surgery, y su futuro sería incierto si no tuviera acceso a la leche especial que necesita.

Así que vosotros me diréis si es importante ayudar o no… sin los fondos que padrinos y madrinas nos donan, sin la ayuda de voluntarios, sin Miguel y Joaquín… sin nuestras queridas aunties… Patricia se habría muerto. Pues hala, siento la crudeza, pero es la verdad.

Me despido hablando de mí, lo siento. Yo no puedo ser más feliz que viendo a la peque todos los días. Observando cómo mejora, tocando sus manitas, sus piececitos, dándole de comer por el tubo, dando saltos de alegría cuando come sola del bibe, observando cómo sus huesecillos se van cubriendo de una capilla de grasa, vistiéndola con los pijamitas que nos han dado, despertándome de noche cada dos horas para darle de comer, poniéndomela encima para dormir… en fin, que si todavía tenía algo de instinto “auntiernal” por ahí escondido, esta bebé lo ha despertado del todo todito.

Muchas gracias a los que nos ayudáis, espero que con mis palabras os haya llegado un pedacito de mi corazón, y del de Patricia, que hoy cumple un mes!

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About bea

Vivo en Uganda donde colaboro con lo que se ha convertido en mi nueva vida: la casa de acogida Malayaka House. En este blog pretendo contaros sobre este proyecto, así como mis experiencias en Uganda, y poder haceros llegar un pedacito de aquello y de lo que estamos haciendo.
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3 Responses to BABY PATRICIA

  1. Enhorabuena por el gran trabajo!! Excelente!!

    Te felicito!!

    Yo me encuentro muy cerca, en Etiopía combatiendo la desnutrición infantil.

    Te animo a seguir nuestro blog
    https://cooperacioambalegria.wordpress.com

    Estamos en contacto

    Un fuerte abrazo

    Iñaki

  2. Álvaro Corredor Ochoa says:

    Me gustaría mucho compartir tu trabajo en Linkedin. Me parece que eres el mejor ejemplo que conozco de persona con valores de solaridad de largo. Un abrazo

  3. Álvaro Corredor Ochoa says:

    *solaridad no, solidaridad (maldito corrector)

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