BABY HENRY

“Bea, auntie Winnie te está buscando, creo que tiene un pequeño problema entre manos y necesita tu ayuda” me vino a decir Robert a mi cuarto. Fui a buscarla y ahí estaba Winnie, recién llegada y con el “problema” entre sus brazos: un bebé pequeñín, de color chocolate, ojos saltones, mirada curiosa, y con pinta de enfermito.

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Robert siempre hace igual, qué tío! Cada uno de los pequeños que ha llegado desde que vivo en Malayaka House ha sido para mí una sorpresa. Y qué queréis que os diga, es emocionante. Y siempre hago la misma pregunta “se queda con nosotros?”. Esta vez me dijo, eso depende de lo que decidamos.

Detrás de auntie Winnie y Frank, como supe minutos después que se llamaba, había una mujer grandona, de piel chocolate también y un curioso pelo-peluca rojo, con un rollo un tanto cresta punki. Con su cuerpo embutido en un vestido beige palabra de honor que le llegaba hasta los pies y un bolso rojo como de boda. “La madre”, pensé.

Lo primero que hice antes de preguntar más a allá fue lo que hacemos la mayoría de las mujeres en este mundo, y es quitarle a Winnie el bebé de los brazos. Quería achucharle.Y cómo no, empezó a llorar. Con un llanto delicado y bajito como si le faltara energía. Es típico de los niños malnutridos, los pobres no tienen suficiente energía ni para lloran bien, lo hacen como con un hilillo de voz.

Fuimos las tres, Winnie, la mujer y yo a mi cuarto, y calmamos el llanto de Frank con un biberón que se tomó deprisa, muy centrado en su tarea. El biberón tenía leche de vaca.

La mujer se llamaba Clarise y era ruandesa. Alguien abandonó un bebé de 1 semana en la puerta de su casa el pasado diciembre, y ella, valiente, mujer y admirable, lo acogió entre sus brazos. E intentó cuidar de él. Trabaja entre Ruanda y Uganda, donde se quedaba en casa de unos amigos, cerca de Kajansi, entre Entebbe y Kampala. Y durante estos dos meses viajó con él en los taxis (matatus) públicos repletos de gente, de Oeste a Este, intentando seguir con su trabajo a la vez que cuidaba del bebé.

En febrero le salió una oportunidad en Sudán del Sur, y no podía negarse, pero no le dejaban llevarse al bebé. O eso dijo. Cuando Robert supo de su existencia fue porque estaba en Uganda tratando de encontrar a alguien para dejar al bebé. Que lo de buscar a alguien con quien dejarlo, aunque parezca evidente, no lo es tanto. Aquí en Uganda no se cortan ni un pelo en abandonarlos, ya sabéis. Así que me retiro en mi aplauso a Clarice.

“Y cómo encontró a Malayaka House?” pregunté yo, que seguramente sea la misma pregunta que os estáis haciendo todos. No? Pues una vez más fue por Robert. Cómo si no.

Robert siempre va a una pequeña farmacia que hay en Entebbe, sin lujos pero con buenos profesionales, y por supuesto ya le conocen y saben lo que hace. Un día de febrero una de las trabajadoras le habló de Clarise y del bebé que buscaba casa otra vez.

Dos días después Robert mandó a auntie Winnie, Hakim y Joseph a por el bebé a Kajansi. Joseph es el novio de Naiga, una de nuestras niñas mayores ya independizadas, y que empezó hace poco a trabajar con nosotros (todo queda en familia!), conduce la furgo para llevar a los peques al cole y nos ayudar con mil recados. Os iba a contar más detalles de él/ellos pero no quiero perder vuestra atención en “cotilleos” que os puedo contar otro día.

En fin, que creo que la que se ha perdido soy yo… pues eso que ahí estábamos las tres con el bebé en mi cuarto, yo intentando entender la historia con la traducción de Winnie porque Clarice no habla casi inglés, solo francés y la lengua que hablen en la zona donde ella vive en Ruanda, que da la casualidad que Winnie sabe hablar porque sus padres eran de esa zona y migraron cuando los tutsis y hutus se pelearon hasta dejar casi 1 millón de muertos en pocos meses. Y es que cuando todo eso estalló, como miles de ellos, él era tutsi y ella era hutu… malo malo para aquellos tiempos. Y Uganda les acogió. Qué bonita historia ¿verdad? os la cuento también otro día.

Apareció Robert en el cuarto y me preguntó “qué, se queda o no se queda?” y yo con el pequeñajo entre los brazos, como para decir que no! Pues claro que se queda, se queda para que le cuidemos, le alimentemos y para que crezca feliz entre su nueva familia.

Clarise nos bendijo una y mil veces, nos dio los papeles que le había dado la policía ruandesa, y se fue con su melena al viento sin soltar una lágrima, oye tú la tía. Y nosotros, nos pusimos manos a la obra. Ya sabéis, leche en polvo, pañales, una buena sesión de achuchones y conocer a todo el mundo. ¡Esto es lo primero!

Fui a comprar todo y a recoger a los niños al cole, y de camino les dije que teníamos una sorpresa en casa. “Auntie Dilia!” “Uncle Leo!” “New toys!” y más cosas que no escuché eran sus predicciones. Que por cierto Dilia a ver si vienes ya de una vez que cada vez que les hablo de sorpresa sale tu nombre. Te echan de menos.

Cuando llegamos a casa y vieron al pequeñín, ¡eran todo sonrisas! “Boy or girl?”, “ What is his name?” , “Auntie Bea, he is not black, he is brown”, “Can I hold him?”

Auntie Bea los despachó a todos rápido a hacer los deberes y dejó a auntie Winnie con la tarea de dar al pequeñín su primera leche en polvo.

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La leche de vaca no es buena para los bebés, eso lo sé hasta yo y nunca he sido madre. Y Clarise seguro que también, pero no tenía dinero para comprar leche en polvo. Si el sueldo medio de un trabajador no llega ni a los 100 euros, y un bote de leche en polvo cuesta 30, no hay matemáticas que lo sustenten. Así que leche de vaca=malnutrición. Esa había sido la ecuación en la corta vida de Frank hasta que llegó a Malayaka House.

Que por cierto, le hemos dejado el nombre de Frank en honor a Clarise y a su gran corazón, pero le hemos añadido Henry. En honor a un médico que nos ha estado ayudando con la abuela de Dora, a la que estamos cuidando en casa (esta también es otra historia para otro día), eso dijo Robert. Yo como tengo un corazón que no es ni la mitad que el suyo, pues barrí hacia casa, literalmente, pensé para mi misma “Sí, sí, tú haz los honores que quieras pero si se va a llamar Henry para mí será en honor a mi padre”.

Llevamos a Henry al mismo hospital en Kampala que llevamos a Patricia, por si las moscas. Tenía tos seca, respiraba regular y tenía aspecto de malito, además de estar delgadito delgadito.20160224_183227

Con 2 meses, 3,3 kg, el peso que debía haber tenido al nacer. Nos dijeron que tenía un virus y nos recomendaron que empezáramos a darle la misma leche que a Patri, aunque no fuera intolerante a la lactosa. Esa leche, además de no tener lactosa, tiene algo relacionado con las grasas (disculparme los médicos que me leáis que no me acuerdo) y hace que cojan peso antes. Y eso es lo que necesitamos con Henry.

La primera noche fue cachonda. Iba a dormir yo con él pero había una voluntaria, Sara, americana y en sus 50, madre de 4, que nos ayuda lo que no está escrito con la educación y la lectura de los peques. IMG_6497Y que no pudo evitar hacer evidentísimo un please please please, I’d love to sleep with him.
Pero luego pensó que lo iba a aplastar si dormía con él en la cama (algo que me tranquilizó mucho … ja ja!), después se le ocurrió improvisar una cuna y preguntó a auntie Bea si no habría algo que utilizar… Que en Uganda no utilizan cunas, que los niños están acostumbrados al calor humano… Pero nada, me recorrí toda la casa buscando un barreño lo suficientemente grande, y al final se le ocurrió que el cajón de una cómoda que nos regaló alguien de la ONU podía servir, y allí acabó Henry a los pies de su cama. La verdad que la cuna tenía un pintón. ¿Que cuánto duró? 5 minutos, los mismos que debió dormir la pobre porque Henry necesitaba calorcito, un pecho en el acurrucarse, una mamá…

Todo esto fue hace unos diez días y ahí sigue el principito, todavía con tos y con mocos, pero con otra carita… no menos preciosa, pero sí más tranquila, como si su cuerpecito supiera que ya tiene comida rica rica y ahora puede relajarse y disfrutar.

Bienvenido pitufillo, como a todos los demás, te estábamos esperando!

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About bea

Vivo en Uganda donde colaboro con lo que se ha convertido en mi nueva vida: la casa de acogida Malayaka House. En este blog pretendo contaros sobre este proyecto, así como mis experiencias en Uganda, y poder haceros llegar un pedacito de aquello y de lo que estamos haciendo.
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3 Responses to BABY HENRY

  1. anaminguezjimenez@telefonica.net says:

    Hola Guapi, Que historia más bonita. Me encanta. Tengo muchas ganas de verte. Besos.

  2. Ernesto says:

    Que grandísimo trabajo… Bea. Siempre nos dejas sin palabras con tu tesón y esfuerzo. Te queremos!

  3. Querida Bea!!! Que alegria es ver como Dios les confia la vida de esos dulces pequeños!!!!!!!!!!! Nosotros nos quedamos con muchos deseos de ir y compartir tiempo con ustedes… Esperamos que si Dios nos permite volver iremos a compartir un tiiempo con todos ustedes. los bendecimos como familia!!!

    Betty Date: Sun, 13 Mar 2016 19:23:07 +0000 To: africabarrios@hotmail.com

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