La mujer en Uganda

Hace unos días se celebró el día internacional de la mujer. Quiero, desde el humilde rincón que me da este blog, contaros sobre las mujeres ugandesas.

Podría tirar de estadísticas, pero esas ya las encontráis en internet, así que voy a contaros lo que yo sé y he vivido aquí en Uganda, un país que sobrevive, igual que todo África, gracias a sus mujeres.

La sociedad ugandesa es muy machista y los hombres, aunque no reconocido por la ley, tienen muchos más privilegios que las mujeres, y muchas menos responsabilidades.

Si bien esta sociedad no es árabe, sino más bien cristiana, los hombres pueden tener cuantas mujeres quieran. En los países árabes pueden tener cuantas mujeres puedan mantener, y tienen que casarse con ellas. Aquí es aún peor, porque la ley no les obliga ni a casarse ni a mantenerlas a ellas y a sus hijos.

Así que aquí un hombre se casa con una mujer por la iglesia y por el rito de su tribu. Esa es la mujer que va a cuidar de su casa, y la mujer “oficial”. Con el resto que encuentra en su camino puede convivir, crear otra familia, tener hijos, y luego desaparecer y no ocuparse de ellos.

DSCF3326Hace poco estuve en la comisaría de policía y me tocó esperar dos horas en el cuarto donde se gestionan los asuntos de Niños y Familias. La jefa de este departamento, por la que yo estaba esperando, estuvo todo ese tiempo escuchando los problemas de una pareja que, sin duda, estaba recomendada por algún alto cargo, discutiendo su situación “matrimonial”. Y la discutieron en inglés, así que me enteré de todo. La mujer se quejaba de que el hombre la había abandonado, que vale, que no era su mujer por la iglesia, pero que habían convivido durante ocho años, y que ahora él había encontrado otra mujer, y se había olvidado de ella y de sus hijos. Que entendía que él podía hacer eso si quería, irse con otra, pero que le exigía que por lo menos colaborara con los gastos de la casa y de los dos hijos que, juntos, habían traído al mundo. Las dos horas dieron para mucho, y el hombre, para justificarse, incluso comenzó a contar detalles sobre su relación sexual. Venía a decir que ella ya no le quería en la cama, y que entonces él se había visto obligado a buscarse a otra. Todo esto en medio de unas 10 personas, incluida yo, la mzungu que intentaba disimular su asombro y que hacía todo lo posible por controlarse y no meterse en medio y dar su opinión.

Tras las dos horas, la policía le dijo al hombre que tenía que empezar a pagar dinero, y que si no lo hacía directamente, la mujer podría venir a la policía otra vez, y entonces él tendría que depositar el dinero en la policía, y que si no le detendrían.

Lo triste es que esto no es cierto, y si no paga, nunca le detendrán. Y seguirá con la mujer que está ahora, y encontrará otras, y seguirá “produciendo” hijos de los que luego se olvidará que tiene que mantener, y será una nueva mujer la que tenga que hacerse cargo de la vida de esos niños.

Cuando ya se habían ido, la policía me atendió a mí, y me dijo “Está claro que todavía están enamorados”. Acojonante.

Auntie Winnie estaba conmigo ese día. Ella tiene una hija y nunca se casó por la iglesia. El padre de su hija no le pasa dinero, y ella vive con su madre y sus hermanos, y gracias a eso la puede mantener y darle una buena educación. Le pregunté por qué el padre no le pasa dinero, y me dijo que para que lo hiciera, tenía que suceder una escena como la que acababa de presenciar, y que no estaba dispuesta. Y que además eso valía para que él pagara una temporada, pero después volvería a dejar de hacerlo. Auntie Winnie tiene suerte porque trabaja en Malayaka House, donde recibe un sueldo digno que le permite no tener que depender de ningún hombre para sobrevivir. ¡Qué importante!

Y es que si eres mujer pobre, no encuentras trabajo, pero sí un hombre que te mantenga, y luego te deje embarazada, y luego te abandone con un hijo… ¿cómo sales de ahí si no hay forma de encontrar otro trabajo? Algunas de ellas buscan y encuentran otro hombre, que no quiere a los hijos que ya ella tiene y la obliga a abandonarlos. Y ella, desesperada, inculta, pobre hasta la médula, acepta y ejecuta. Y ahí tenemos otro niño abandonado en Uganda. Otras se prostituyen. Otras son mendigas. Y otras tienen más suerte y encuentran un pequeño sustento para malvivir con sus hijos, vendiendo casava, samosas, o chapatis, rogando a dios que llegue el hombre que la saque de la pobreza, a ella y a sus hijos. Por supuesto hay una pequeña parte de la población femenina que estudia, trabaja, toma las decisiones adecuadas, tiene suerte, y un trabajo y puede mantener a sus hijos dignamente. Un ejemplo de ellas son nuestras aunties, y espero que, en el futuro, lo sean nuestras niñas también.

Hay que empoderar a las mujeres. Educarlas. Darles un trabajo. En mi opinión esta sociedad ugandesa, corrupta y machista, cambiará en la medida en la que sean capaces de dar a la mujer un papel fundamental. Pero no estoy diciendo nada nuevo, es de cajón. ¿No?

Y lo que sucede también, igual que sucede todavía en España, es que las propias mujeres son todavía machistas. E incluso nuestras aunties, partícipes activas en economía ugandesa, son machistas y aceptan (o han aceptado en el pasado) tener parejas que a su vez tenían otras mujeres. Y ya no es solo el hecho de aceptar que el hombre tenga la libertad de hacer lo que le dé la gana, es también lo que, en temas de salud, ello conlleva. Ese hombre con el que tengo relaciones sexuales, las tiene con otras. E igual que conmigo, no utiliza preservativo, e, igual que a mí, a las otras mujeres les va a pegar cualquier enfermedad sexual que tenga. Y así el VIH y otras enfermedades de transmisión sexual, no paran de crecer. Y las muertes consecuencia de ello, y el abandono de niños que pierden a sus madres. No solo en círculos pobres de la sociedad… sucede en todos lados.

Y sin ser tan dramático, me sucede a mí todos los días. Con las aunties, con las adolescentes que viven ya fuera, con las que viven todavía aquí, con los adolescentes… la opinión de “auntie Bea” no vale igual que la opinión de “uncle Robert”. Y es porque soy mujer. Lo mismo ocurre en la policía, en el supermercado cuando intentan ligar conmigo, e incluso con el director del colegio que me quiere invitar a un café cada vez que me ve. Yo ya le he dicho que soy mzungu y que solo puedo tener un hombre en mi vida.

Por dar una nota positiva y terminar con esperanza, creo firmemente que nuestras niñas, sobre todo las que se han criado en Malayaka House desde que han sido bebés, y no han conocido pobreza, ni padres machistas y aprovechados, ni hombres intentando abusar de ellas… serán distintas en el futuro. Mi esperanza para esta sociedad es que niñas como las nuestras, esa super Patu o Amina con su VIH, sean los elementos activos de ese cambio. Un cambio que esta sociedad ugandesa está pidiendo a gritos.

Ah que casi me olvido! Creo que en España no se ha estrenado, y no sé por qué, pero os recomiendo ver una peli que se llama “Queen of Katwe” http://www.filmaffinity.com/es/film604566.html , sobre una niña ugandesa que vivía en una de las zonas más pobres de Kampala y que se hace campeona de ajedrez. Muy Disney, pero a la vez, muy inspiradora. Y además de ver una historia real de esas que necesitamos más, podéis ver un trocito de Uganda.

Felicidades atrasadas, desde Uganda, a todas las mujeres que lean esta entrada.

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About bea

Vivo en Uganda donde colaboro con lo que se ha convertido en mi nueva vida: la casa de acogida Malayaka House. En este blog pretendo contaros sobre este proyecto, así como mis experiencias en Uganda, y poder haceros llegar un pedacito de aquello y de lo que estamos haciendo.
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