SUPER AMINA

Amina llegó a Malayaka House cuando era tan solo un bebé, su madre murió en el parto. Nació con VIH porque su madre era seropositiva. Desde que llegó ha estado recibiendo tratamiento con antirretrovirales, que debilitan su sistema inmunológico, por lo que ha cogido todo tipo de catarros, diarreas e infecciones.

Amina nunca falta a su encuentro con las pastillas, y todas las mañanas y noches, coge su cajita y no se olvida de tomar su medicina.

Amina es una luchadora. Es valiente, feliz, dulce, tiene los ojos más grandes y expresivos del mundo, y cautiva a todos los que llegamos a Malayaka House con su vocecilla y su sonrisa.

A pesar de su enfermedad, Amina es una niña fuerte. Está delgadita pero trepa en los columpios como una monita, corre de un lado a otro de la casa, salta a la comba, y tiene más fuerza que yo. Esa misma fuerza es la que tira de ella para vivir cada día.

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Tiene 8 años y todavía no es muy consciente de su enfermedad. Ella sabe que algo hay porque tiene que tomarse la medicina cada día, y porque es la mimada de las aunties, y porque va al hospital una vez cada dos meses con la que es como su madre, Auntie Elisabeth.

En Uganda las estadísticas de SIDA y VIH dicen que hay un 7% de la población con el virus, pero no son estadísticas reales. Es imposible conocer con exactitud cuánta gente está infectada porque hay muchos hombres y mujeres que ni lo saben y comienzan a saberlo cuando el virus se hace enfermedad y los síntomas del SIDA se hacen evidentes. Y cuando mueren, nadie dice “murió de SIDA”, simplemente dicen, “murió porque estaba enfermo”.

Para los que lo saben y quieren poner remedio, el gobierno subvenciona la medicación en hospitales públicos financiados en parte por proyectos de Naciones Unidas u otros organismos internacionales. Amina va a un hospital que se llama Mildmay, que está bien organizado, y trata a muchos niños como ella.

Pero en Uganda hace falta, como os contaba con las mujeres, más educación al respecto. Con más educación, quizás (y digo quizás porque nunca se sabe) utilizarían preservativos. Si más tuvieran más cuidado, si más tuvieran acceso a la salud para hacerse un análisis, si más respetaran que su pareja no tiene por qué contagiarse también, si más se preocuparan por su salud y la de los que les rodean, si más miraran más al futuro y vivieran menos el día a día sin preocuparse de lo vendrá, si más... habría menos. Menos niños como Amina, que sin tener culpa ninguna, nacen con una enfermedad sin cura que les acompañará toda la vida.

Amina tiene la suerte de estar en Malayaka House, y es, a pesar de su enfermedad, una niña feliz. Estoy segura de que todos los que la conocéis estáis de acuerdo.

Hoy he decidido hablaros de ella porque el pasado martes tuvimos que volver a operarla de la enorme hernia umbilical que tenía.

Lo de la operación de Amina había rondado nuestra cabeza durante años, y tras hablarlo y requetehablarlo, y pedir la opinión de médicos ugandeses y españoles, nos decidimos a tirar para adelante el pasado febrero. Elegimos Corsu, un hospital fundado por médicos italianos, del que nos habían hablado bien. Es un bonito proyecto, y hospital de referencia para niños con discapacidad a los que operan gratis. Hay muchos que no pueden permitirse costearse la operación de sus hijos, y llegan a puñados de todas partes del país, contentos de saber que alguien va a ayudarles a no ser toda su vida discapacitados. Fue aquí también donde operaron a Mary cuando se quemó el brazo tras un ataque epiléptico – pero ésta es historia para otro día.

Vuelvo a la hernia, que me voy por las ramas. La de Amina no es considerada discapacidad, así que tuvimos que pagar la operación, al cambio, 250 euros. Pedí ayuda y en breve tuvimos el dinero. ¡Gracias a los que colaborasteis!

El día de la operación, el 6 de febrero, estábamos todos muertitos de miedo. Por más que los médicos nos aseguraron que tener VIH no tenía por qué ser un problema, no respiramos tranquilos hasta que salió de la operación. Pasé con auntie Elisabeth las 3 o 4 horas más lentas de mi vida, y cuando la vimos salir, ya despierta y con su carita preciosa, las dos la cogimos de la mano y le dijimos “curicayo” (que no sé cómo se deletrea, pero así suena, y significa “welcome back”).

El postoperatorio no fue fácil. El hospital deja mucho que desear, sobre todo para la mentalidad española de Auntie Bea (la suerte que tenemos, oiga!), y compartir la cama en un pabellón con otros como mínimo 80 pacientes, niños con todo tipo de operaciones y dolores, y madres que comen en cualquier sitio dejando todo tirado por el suelo, y olores, y quejidos, y llantos, y buscarse la vida para tener una mosquitera en condiciones, y médicos que no dan ningún tipo de explicación, y enfermeras que te dan la espalda y ni contestan cuando les preguntas…

En fin, que felices como unas perdices nos fuimos a casa al día siguiente de la operación. Le dolió durante días, pero a la semana estaba ya bien, y a las dos empezó a ir al cole otra vez.

Hace algo menos de dos semanas, cuando ya pensábamos que estaba todo acabado, Amina vino a mi cuarto (que es casi casi la enfermería de Malayaka House) y me dijo que le dolía el ombligo. Estaba duro como una piedra, cuando tenía que ser ya solo un pellejillo de piel estirada por años de hernia, y tenía como una bola dentro.

La llevé a la clínica a la que vamos a Entebbe – cuyo eslogan no es muy alentador para un atea empedernida como yo: “Our strength is in God” -, que más y más merece mi respeto, sobre todo si está el médico que parece que sabe lo que hace (una especie en extinción en Uganda), mi querido Doctor Muganga. Éste me dijo que la hernia había vuelto a abrirse, que había que volver a operar y que ahora la cosa era urgente. Me sugirió que su jefe, cirujano, podía operarla en la clínica.

Me cagué en todos los muertos de los médicos de Corsu, y en que la medicina no es siempre perfecta. Parece ser que la vez anterior no la operaron bien, porque en palabras de nuestra querida Rocío, una cirujana onubense que colabora con Malayaka House, las hernias pueden reabrirse, pero no con tan poco tiempo. Lo mismo opinaba Muganga. Y tenía que ser con Amina, joé!

Así que el martes de la semana pasada al “theatre”. Vuelta a pagar (Inés, tú y tu familia… ¡no tengo palabras!) y vuelta a los nervios y a ver la carita de preocupación de Amina… Menos mal que todo salió bien. Se despertó de la anestesia repitiendo “I want to go home”, y empezó a ser consciente cuando Uncle Robert le estaba prometiendo “ice cream and sweties”, Auntie Bea levarla a Anderita Beach a comer pizza, y Auntie Elisabeth tenía una gran sonrisa de alivio en su cara.

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Una semana después, está mucho mejor, y el postoperatorio ha sido mucho más fácil esta vez. En esta clínica teníamos nuestro propio cuarto y una atención profesional y personalizada. Todo un lujo.

Amina es, y dejadme que lo escriba en mayúsculas, UNA CAMPEONA. Su fuerza no deja de impresionarme, y lo mejor, contagiarme cada día. Un día antes de irme, su sonrisa con un trozo de pizza entre las manos, brillaba más que el sol reflejándose en el Lago Victoria, y mi corazón se llenaba de esta niña mágica. Amina niña dulce, Amina luchadora, Amina princesa de Malayaka House.

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About bea

Me voy a Uganda a colaborar con lo que se ha convertido en mi nueva vida: la casa de acogida Malayaka House. En este blog pretendo contaros sobre este proyecto, así como mis experiencias en Uganda, y poder haceros llegar un pedacito de aquello y de lo que estamos haciendo.
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